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Biografia ( extraido de "Un
reflejo azul" )
Julián Infante, nacido en Fuentedelfresno, provincia de Madrid el 17
de Julio de 1957. Comenzósu andadura musical en el Madrid de finales del
Franquismo, donde estaba naciendo lo que luego se convertiría en el rock
urbano madrileño. Formaba en la Spoonful Blues Band allá por 1976 junto a
Felipe Lipe, pronto reclutarían a Ariel Rot recién venido de Argentina.
Mas tarde se incorporaron Alejo Stivel y Manolo Iglesias naciendo así
Tequila, la banda que revolucionó la música en este país.
Después del éxito cosechado con Tequila tras cuatro discos mas uno
fallido en inglés la banda se separó definitivamente en 1983. En esos años
Julián se reenganchó a la movida madrileña recién estrenada colaborando
con varios grupos a los que acompañaba bien en directo, bien en en el
estudio durante las grabaciones. Estuvo con Academia Parabuten, Glutamato
Ye-Ye, Pistones o Desperados. También acompañó a Martirio y al propio
Ariel Rot que había iniciado su carrera en solitario.
Tenía una nueva banda con la que tocaba por Madrid, entre sus
compañeros se encontraba Hermán Vilella. Ariel volvía de Argentina y se
unía a ellos. Solo faltaba Andrés Calamaro, que llegó poco después para
conformar Los Rodríguez. Los comienzos no fueron fáciles, pero al final la
banda alcanzó el éxito. De nuevo las giras y la dinámica de formar parte
de una banda de primer nivel. En 1995 con la publicación del 5º disco de
la banda "Hasta luego", la banda se separaba y sus compañeros iniciaban
carreras en solitario
Julián también preparaba lo que podía haber sido su 1er disco en
solitario, pero el terrible Sida se había cruzado en su camino y fue quién
acabó llevandoselo tras un largo tiempo de lucha el 4 de diciembre del
2000. Atrás queda el formar parte de 2 de las bandas mas revolucionarias
de la história del rock en España y un puñado de canciones junto a sus
compañeros en ellas . Como decía Andrés en "Hasta luego" ..."Un pedazo
grande de la historia del rock en España, Julián Infante..."
Historias de un "STONE" español
( extraído de El pais
)
Fue Tequila y
fue Rodríguez. Y seguirá siendo, para quienes le conocieron, el rock and
roll en persona. Así recuerda a Julián Infante
un músico amigo,
firma habitual de Tentaciones.
Texto: Fernando Martín
NACISTE EN MADRID un 17 de julio de
1957 y probablemente ese mismo día escogiste el rock —¿delineante tú?—
como manera de pasar por la existencia. Con 17 años ya tocabas en alguna
banda sin casi nombre, hasta que la primera que lo tuvo, Spoonful Blues
Band, llamó la atención de otro chaval, un argentino que había recalado en
el Madrid de la transición con la idea de dedicarse a lo mismo que tú. Era
Ariel Rot y debió quedar tan impresionado por la manera de desenvolveros
que enseguida os entró para un nuevo proyecto que, junto a un cantante
argentino —Alejo Stivel—, os convertiría en leyenda del rock and roll en
castellano. Llegó el éxito de Tequila y te viste junto a tus compañeros,
cruzando el umbral de los ochenta con equipo propio y camión para llevarlo
—ningún grupo de rock español podía aspirar a tanto—, un caché que rondaba
el kilo —una fortuna para la época— y la fama total, con todo lo bueno y
lo malo que eso podía tener para un tipo con veintipocos años y ansia de
disfrutar de todo lo que estaba reprimido en España. Pero tras cuatro
exitosos discos el dinero y los brillos se esfumaron y, en su lugar,
surgieron otros fantasmas que ya no te abandonarían nunca. Serían las
sombras de tu estampa de Keith Richards, que se grabó a fuego en la puerta
de tus bares favoritos; aquellos en los que la conversación era amable,
servían alcohol bueno y barato y sentías que te querían. ¡Cómo no
quererte! ¡Lo difícil no era quererte, sino seguirte la marcha! Pistones,
Martirio, Glutamato Ye-Ye, Academia Parabuten, Desperados… fueron algunos
a los que acompañaste con tu guitarra en los ochenta, años en los que la
fiesta continuaba y, aunque algún achaque ya daba los correspondientes
toques de atención, parecía que todos íbamos a ser jóvenes para siempre.
Viviste en mi casa porque las cosas no te iban bien y tu compañía me llenó
de alegría. Tu vida personal no era fácil, pero ¿la de quién lo es en este
mundo de locos? Sé que amabas, a tu manera, a tus hijos y que te hubiera
gustado reconstruir o corregir aquel tramo de tu existencia. Quizá ahora
tu nieto lo consiga.
A final de década, Ariel apareció de nuevo en tu vida y junto a él, Andrés
Calamaro y Germán Vilella. Llegaron Los Rodríguez y una segunda
oportunidad para ti, que ya habías sobrevivido a operaciones de corazón y
al hongo de la cándida, que te afectó un ojo. Miles de copias, giras
llenas de éxito a ambos lados el Atlántico y la fama te hicieron feliz de
nuevo. Pero los fantasmas se habían convertido ya en oscuro presagio,
aunque tú siguieras empeñado en continuar viviendo todo a tope. A pesar,
incluso, que en 1994 falleciera Manolo, el batería de Tequila. Se acabaron
también Los Rodríguez y con la ayuda de amigos de Malasaña pergeñaste
nuevos temas que nunca llegarías a concluir. Después tu enorme fuerza
vital comenzó a debilitarse y elegiste tu casa en el corazón de Madrid
para aguardar, semioculto, quizá el milagro. Ni en ese momento tiraste la
toalla de la diversión. Hasta que llegó el final, el temible sida. Como tú
decías en broma, parece menterio. Parece menterio que ahora yo esté aquí,
escribiendo esto de alguien que se ha ido y para mí fue sinónimo de vida
total. Nadie —y mucho menos yo— es quien para juzgarte. Ni en un sentido
ni en otro. Porque peor que la muerte es la incoherencia, matar la ilusión
de los demás haciendo lo contrario de lo que se piensa. Tú tenías muchos
defectos, pero no ese. Escogiste cómo vivir y es probable que también cómo
morir. Julián, haznos un favor a todos los que te conocimos: pásatelo lo
mejor que puedas donde estés ahora, desafiando todas las normas de la
lógica, la corrección y el decoro y acabando con la paciencia del
anfitrión de la fiesta, que seguro que será el mismísimo Dios. Porque la
gente como tú, por mucho que se empeñe, no va a otro sitio que al cielo.
Andrés se despide de Julián
( extraído de El pais
)
See you soon, Julito…! Como se fue Risi, hace cuatro años apenas, nos dejó
Julián Infante, pedazo grande de la historia del ‘rock and roll’. Fue más
que un Rolling Stone. Pero hubiera sido peligroso decírselo en vida, entre
otras cosas porque te hubiera pedido prestados mil duros. Calavera entre
los calaveras, vivía peligrosamente según los dictados más puros del rock.
Fundador del primer gran grupo de ‘rock and roll’ y del último, tal vez
fue un músico poco valorado, incluso por él mismo. Excesivo tanto en el
drama como en la risa, quizá pecó de modesto como potencia rockera y
musical. Entre los vicios y las aventuras, navegó buscando a la ballena
blanca hasta el final, aunque en los últimos años estuvo aislado del mundo
en su piso de Maravillas.
Se fue una auténtica leyenda musical, porque sabía, quería y podía. Aunque
en el caso de Julito la autodestrucción y la fuerza indestructible
caminaban juntas. Era el típico duro-tierno que escupe la cerveza popular
marcando propiedad de la bebida. Casi tuerto, se desayunaba con ‘sol y
sombra’ todos los días…
Ya en la primera gira con Los Rodríguez en Galicia se lastimó una mano en
circunstancias probables y en Granada tuvo que ser suplantado (su lugar
rockerísimo) por Guille Martín, un compañero de tragos y bebida que llora
ahora la transición de Julián Infante, así como deben estar dedicándole
lagrimones Manolo Uvi, Ariel Rot, sus hermanos Rodríguez y todos los
vecinos de Malasaña.
Ayer me enteré que Julito ya no estaba entre nosotros y quise mirar algún
filme del grupo y aplaudir las apariciones de Infante, siempre duro y
encantador. En realidad, pasé gran parte de la noche viendo nuestras
cintas en la carretera y en el escenario, que no hubieran sido iguales, ni
mucho menos, sin este gran ex superviviente que nos acaba de abandonar.
Tus compañeros de ruta y tus compañeros de tragos, todos los técnicos y tu
público, los músicos y los que pasaron por allí, tus hijos y tu nieto ya
te están echando de menos, querido abuelo Julián Infante Martín Nieto. Rey
de los calaveras y heredero de las formas verídicas del rock de Marshall y
Fender.
Julito: estás dejando un espacio vacío para siempre, pedazo de mito
viviente, ahora leyenda eterna del ‘rock and roll’ en éste y en cualquier
otro idioma. Espérame en el cielo.
Andrés Calamaro
Sol y sombra ( Música y letra:
Julián Infante )
Canción firmada íntegramente por él, llegó a finales de la década de
los ochenta y fue su primera aportación al primer disco de Los Rodríguez,
‘Buena suerte’, de 1991. El tema era puro ‘country-pop’ para presentarse a
sí mismo; un toque autobiográfico, una autoafirmación irónica con la
autoridad que le daba ser ya “el abuelo”, como le llamaban los otros
Rodríguez.
Comenzaba la canción con unas palabras de Andrés, palabras que solíamos
oír casi cada día en el bar de Tablada 25, donde coincidíamos para ensayar
todas las tardes: “Un ‘sol y sombra’, por favor, para Julito”. El propio
Julián apostillaba: “Un poco más de coñac, por favor…”. F. M.
“Estoy muerto, ya no existo.
Ya no os molesto.
Enterradme y no tapadme,
Pues os detesto.
¡Qué bueno era, qué gran carrera…!
Iba para delineante.
¡Cuánto talento tenía el tuerto!
¡Pobrecito el angelito, don Delito!
(Julián): ¡Vaya usted con Dios!
El primero que me nombra,
paga una ronda.
Sol y sombra, compañero,
Es el trago que yo quiero
¡Qué bueno era, qué gran carrera…!
Iba para delineante.
¡Cuánto talento tenía el tuerto!
¡Pobrecito el angelito, don Delito!
(Julián): ¡Vaya usted con Dios!
¡Pobrecito el angelito, don Julito!
(Julián): ¡Vaya usted con Dios!”
Extraño
( Música y letra: Julián Infante )
También de su autoría total y de contenido autobiográfico donde el tema
central es la relación con su padre donde. Es este el único tema donde la
voz de julito da vida a un tema melancólico de los que identifican a la
banda.
Si tú me extrañas a mí, yo no me olvido de tí.
¿Por qué, mi amor, separarnos?
Si tú me lloras a mí, hago lo mismo por tí...
¿Como enjuagarlo?
Y no es verdad que aquí nadie apuesta un duro más.
Maldita apuesta feroz, y de por medio el amor...
Cuando faltas te extraño.
No es una canción de amor, eso al menos pienso yo;
es algo más sano.
Con la opinión de Dios, quizás uno de los dos
lo vea más claro.
¿Quién rezará, quién ganará este estúpido duelo?
Maldita apuesta de amor, que uno de los dos perdió.
Cuando faltas me muero...

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